“Todo lo que toca mis manos vuela, está lleno de pájaros el mundo”

–Octavio Paz

Formando en arteterapia a profesionales de la educación, la salud y lo social.

Cuando las profesionales del centro llegaron había un pliego de papel en cada silla, que yo había preparado cuidadosamente. Lo sostuvieron en sus manos para poder sentarse. Cuando se cerró el círculo de personas les dije que en ese papel había un pájaro escondido y les invité a encontrarlo. Con incredulidad me miraron y tímidamente comenzaron a plegar, arrugar, doblar y rasgar el papel. Comenzaron a nacer picos, plumas y alas. Al tiempo les ofrecí recortes de papeles de colores y texturas diversas para su pájaro, que fueron pegando.

Cuando los pájaros estuvieron preparados creamos una bandada y recorrimos con ellos todos los espacios de trabajo del centro, las oficinas se llenaron de color y silbidos. Fue una fiesta.  Meses después volví al centro. 

Los pájaros seguían allí, suspendidos en el techo encima de sus mesas de trabajo recordando el juego y el arte como motor en su labor profesional.

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