“El niño está hecho de cien. El niño tiene cien lenguas cien manos cien pensamientos cien maneras de pensar de jugar y de hablar cien siempre cien”.
Promoviendo la inclusión y la creación desde aulas específicas de centros educativos.
Entré a la clase, me senté en una silla cerca de la tutora, me presentó como alumna en prácticas y muchos ojos me miraban entre sorprendidos e intrigados.
Leo estaba en la mesa más cercana a la pizarra y comenzó a hablarme sobre hallazgos científicos y su visión sobre si hay o no vida en el espacio.
Me explicó que quería ser astronauta. Durante la clase de plástica me confesó que su madre le hacía los dibujos y que odiaba el arte. La siguiente vez que nos vimos fue en la sala de arteterapia que cree dentro de su instituto. Yo le invité y a él le pareció buena idea. Desde la puerta de la sala le escuché silbar una canción mientras subía las escaleras.
Me miró y esperó en la puerta hasta que le invité a pasar, y así comenzó el proceso, tras varias sesiones volvió a hablar de su astronauta.
-Mi sueño es viajar al espacio. – Dijo mientras bajaba la mirada
ruborizado.
-¿Quieres ser astronauta?- Le pregunté con ternura.
-No puedo ser astronauta, tengo el corazón débil.
Se hizo un silencio…
-¿Qué se hace para fortalecer un corazón?- Pregunté.
– No sé.- Me dijo. – Supongo que sentir muchas más cosas.-
Sonrió y siguió pintando.